Los Nobel de la guerra

Hace ahora dos años el gran maestre de las logias masónicas de Colombia en una entrevista a un programa de televisión aseguraba que Santos, el presidente de Colombia, no pertenecía a la masonería por qué no había cumplido una condición fundamental que era llevar a término el “proceso de paz con las FARC”. La semana pasada los colombianos dijeron ‘No’ a ese proceso emprendido por Juan Manuel Santos y avalado por toda la comunidad internacional llamada a sí misma progresista.

La respuesta a la negativa de los ciudadanos de Colombia a ratificar un pacto especialmente humillante e injusto con las víctimas, cerca de 220.000, tras 50 años de guerrilla terrorista, narcotraficante y asesina ha sido conceder el premio Nobel de la paz al líder del país. Como tantas veces la academia noruega, sectaria y retrógrada, ha pretendido imponer su criterio al de todo un sufrido pueblo colombiano.

Cuba, la ONU, toda la prensa internacional de izquierdas han movilizado sus fuerzas contra un pueblo desangrado por las matanzas y secuestros de una guerrilla marxista-leninista a que has dejado la selva y el campo colombiano sembrados de minas anti persona,sin plano alguno de tendido que pueda detectarlas para poder desactivarlas,como las que han segado las vidas y los miembros de miles de jóvenes campesinos y soldados.

Las élites de Colombia, como la propia familia latifundista de Juan Manuel santos, han enviado a sus hijos a Harvard y otras carísimas universidades americanas, mientras pobres campesinos y obreros debían enviar a los suyos a pelear contra las FARC.

Esta lucha la libraron los pobres y la clase media (nada que ver con la clase media europea o norteamericana), en los dos bandos, no las élites y ricos de la sociedad colombiana (5% de la población) cuyos hijos se libraban de combatir en el servicio militar. Y tampoco la liberaron los dirigentes guerrilleros y sus hijos, bien protegidos en sus campamentos en la selva, desde donde ordenaban a los hijos de los campesinos de los pueblos bajo su control a alistarse en la guerrilla y luchar.

Los enfrentamientos armados se produjeron principalmente en plena selva, a nivel de pelotones, mandados por sargentos y suboficiales por una parte y miserables jóvenes campesinos por otra. Y son esos pobres, el pueblo colombiano, el que ha dicho no a las élites de los dos bandos cuando se les ha preguntado en referéndum.

El inexplicable e inexplicado apoyo de los Estados Unidos, que siempre había calificado a las FARC como organización terrorista, a un mal llamado proceso de paz ha chocado frontalmente con el recuerdo de tantas masacres y violaciones producidas por los terroristas contra el pueblo llano de Colombia.

El mismo gran maestre de los masones de Colombia aseguraba que Álvaro Uribe no podía pertenecer a la secta masónica porque tenía un ánimo belicista. Uribe logrò durante su mandato reducir de 20.000 a 7000 el número de guerrilleros con el que contaban los terroristas. Las fuerzas militares de Colombia con más de 300.000 hombres y el apoyo de 1000 asesores norteamericanos redujeron la capacidad operativa de las FARC hasta el punto de conseguir que la negociación fuera imprescindible para ellos.El presidente Uribe siempre se negó y se sigue negando a utilizar el término conflicto armado ,o guerra civil, que otorga la misma categoría a la guerrilla que al estado.

En España sabemos mucho de falsos procesos de paz y de claudicaciones de un Estado que pierde los referentes del respeto a la dignidad y la justicia de miles de víctimas inocentes.

Pero los falsos progresistas siempre han utilizado al pueblo y la democracia como una mera excusa para imponer sus ideas y sus intereses, el pueblo siempre tiene razón cuando coincide con lo que ellos desean. El protagonismo de los corruptos hermanos Castro ejemplifica en una imagen hasta qué punto las instituciones Internacionsles y el mainstream media global manipulan y tergiversan la realidad sin ningún escrúpulo.

Ahora Juan Manuel Santos deberá escuchar amplios sectores de la población colombiana, conocer cuáles son sus inquietudes y preocupaciones, retirar de los documentos acordados la participación política y la representación en las instituciones democráticas de los guerrilleros terroristas así como todas las apelaciones a la ideología de género incorporadas en los textos.Y por supuesto deberá eliminar la impunidad garantizada a los dirigentes guerrilleros.

Eso es exactamente lo que le ha pedido la sociedad colombiana aunque el Premio Nobel lo quiera negar y Santos ya pueda afiliarse a la logia más próxima a su domicilio.