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Si alguna vez en una de esas playas mediterráneas Vd. se cruzara con un hombre sin ombligo sabrá enseguida que ha conocido en persona al mismísimo Adán, primer padre de la humanidad.

Aristóteles definía al ser humano como animal racional, el ombligo conecta a cada individuo con su origen. La tradición, el conocimiento transmitido de padres a hijos, es el ombligo intelectual y moral de cada uno de nosotros y de nuestras sociedades

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