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Probablemente el PP va a cosechar una contundente victoria electoral. Rajoy no ha picado en los sucesivos anzuelos que le iban poniendo en su marcha y ha decidido no mirar atrás, ni siquiera a los lados

El socialismo ha vuelto a poner a España en una encrucijada. No es la primera vez en nuestra historia que una izquierda irresponsable nos lleva a cotas de desunión y ruina que ponen en peligro incluso nuestra convivencia pacífica.

Mucho ha llovido desde que en 1848 Carlos Marx y Friedrich Engels publicaran su Manifiesto Comunista. La explotación de los más desfavorecidos, la radical desigualdad en la distribución de la riqueza, la concepción de la propiedad privada como un bien absoluto que no admitía limitación alguna fueron elementos clave en la gestación de liderazgos políticos que, amparados y catapultados por utopías, condujeron a Europa a su época más trágica y criminal.

Una vieja encrucijada

La profundísima crisis social que enraíza en la conciencia de millones de españoles está aflorando estos últimos días en el interés ciudadano que han suscitado las movilizaciones de los llamados “indignados”, que ofrecen un desahogo casi esperpéntico a la rabia contenida por tanto y tanto disparate perpetrado por gobernantes nefastos.
España hoy vuelve a su vieja encrucijada. Los españoles, otra vez obligados a protagonizar su propia historia y sabiendo que tienen que dar un fuerte puntapié a los que entre sonrisas y talante nos van conduciendo a un seguro suicidio colectivo.

Probablemente hoy el Partido Popular va a cosechar una contundente victoria electoral. Rajoy no ha picado en los sucesivos anzuelos que le iban poniendo en su marcha, ha decidido no mirar hacia atrás, ni siquiera a los lados. Debe llenar su bolsa de votos de votantes formados por la Logse y crónicas marcianas. Debe mirar de nuevo al centro, sabiendo que la ignorancia y la mala fe de sus adversarios han tildado a la cordura de extrema derecha.

La lupa de Europa

Mañana Europa va a analizar los resultados de estas elecciones con una lupa muy especial. La crisis financiera, la crisis de deuda, fruto de haber estirado más el brazo que la manga, pueden poner contra las cuerdas la supervivencia económica de nuestro país. Europa nos va a pedir un cambio de Gobierno que insufle un hálito de esperanza, que recompongamos a toda velocidad un espacio de seguridad jurídica que traiga de nuevo la inversión ajena y evite la fuga de la propia. Europa nos va a exigir mañana que la unidad de mercado acabe con las taifas empobrecedoras e impedientes. Y vamos a tener que hacerlo, nos guste o no.

Mañana y pasado mañana y al día siguiente muchas corporaciones locales y gobiernos regionales van a declararse prácticamente en quiebra y van a ser forzosos los recortes de gasto público, y la ciudadanía está obligada a actuar de forma madura y asumir los costes de la euforia anterior. Llega la hora de los “deberes”, una hora de sacrificio y de esfuerzo colectivo.

Mañana comienza el postzapaterismo

Qué verdad es que no hay paraíso sin serpiente; esta es la hora del trabajo, de la disciplina, de la generosidad o nos va a costar años recuperar un trocito de paraíso.
Falsos predicadores de la justicia sin equidad, de la prosperidad con el sudor del de enfrente, de la igualdad que suprime el mérito del laborioso y premia al holgazán, seguirán sembrando su estiércol. A Mariano Rajoy y sus gentes les toca una tarea titánica que comienza por convencer a los españoles de que o cambiamos nuestro modelo o Venezuela y Cuba están a la vuelta de la esquina.

La democracia real, tan lejana de lo que representan los “portavoces de los indignados”, necesita refundarse y adaptarse a los nuevos modos de comunicación. Lo que no necesita es ser sustituida por eslóganes huecos o consignas totalitarias, fáciles de corear e imposibles de aplicar a la vida.
El dinero público, el de todos, debe recobrar su carácter sagrado y su uso blindarse de los cinceles de los escultores de piedras ajenas.
Mañana muy probablemente comienza el postzapaterismo y cuanto antes nuevas leyes entierren el daño causado por leyes inicuas durante estos desgraciados años, antes esta sociedad comenzará a recobrar su vigor perdido.

¡Hasta mañana!